Entrevistamos a nuestro nuevo Global Head of Operations & People
Mi función consiste en convertir la alineación en acción. Studio Banana se encarga de ayudar a las organizaciones a navegar la complejidad hasta alcanzar el verdadero cambio. Y esa misión empieza desde dentro. Como Global Head of Operations & People, me encargo de asegurar que nuestras formas internas de trabajar reflejen la misma claridad, creatividad y valentía que ofrecemos a nuestros clientes. No se trata de añadir capas de procesos o control; sino de crear las condiciones necesarias para que nuestros equipos puedan florecer, colaborar y dar lo mejor de sí…siempre.
Nuestro trabajo se sitúa en la intersección entre el diseño, la estrategia y la transformación. Y lo mismo ocurre con mi función. Estoy a cargo de asegurar que nuestros procesos y estructuras nos permitan ofrecer experiencias holísticas; conectando personas y espacios con propósito. Pero más allá de los sistemas, se trata de las personas. Mi prioridad es proteger ese espacio donde el talento puede crecer, actuar con autonomía y sentirse orgulloso de lo que logramos juntos. Creo firmemente que la confianza es el verdadero cimiento del rendimiento.
Seamos sinceros: mantener la coherencia en un entorno complejo y acelerado no es tarea fácil. Un reto importante es evitar caer en el micromanagement. En cualquier empresa creativa, cuando las decisiones pierden coherencia, o el control sustituye a la claridad, la motivación decae. Es algo que debemos afrontar de manera directa.
Otro desafío es asegurarnos de que, a medida que evolucionamos, no perdamos de vista nuestra responsabilidad con las personas que forman parte de nuestro equipo. Porque sin ellos, nada funciona.
Liderar con lucidez y lealtad. Lucidez para ver las cosas como son, no como quisiéramos que fueran. Lealtad, no hacia individuos o cargos, sino a las personas que construyen nuestros proyectos día tras día; y a los clientes que confían en nosotros para acompañarlos en sus procesos de transformación. Mi objetivo es estar al servicio. No para destacar, sino para apoyar. Y no olvidar nunca que el buen liderazgo no trata de tener razón, sino de hacer lo correcto para la organización y para quienes la hacen avanzar.
Es difícil elegir solo uno, así que mencionaré dos que me marcaron por razones muy distintas pero igual de significativas:
Primero, Audemars Piguet. Hemos tenido el privilegio de acompañarlos durante varios años, en múltiples proyectos. Lo que hace única esta colaboración es la constante voluntad de superarse — no solo en términos de calidad espacial, sino también en la forma en que los equipos trabajan y colaboran. Lo que más valoro es la combinación entre altos estándares y una profunda confianza humana. Nos desafían continuamente, pero siempre con inteligencia y amabilidad. Mi papel ha sido mantener la alineación en todos los niveles — desde el Consejo de Administración hasta los líderes de proyecto — asegurando que la visión y la ejecución estén siempre conectadas, incluso con diferentes enfoques y estilos de liderazgo.
En segundo lugar, Raiffeisen en Rossens. Un proyecto más pequeño en escala, pero no en impacto. El equipo directivo local tenía una visión clara y una genuina voluntad de innovar. Trabajamos de forma dinámica y respetuosa, y el resultado marcó un salto cualitativo en la experiencia del cliente. También aquí, mi función ha sido la de mantener la visión global; asegurando que espacio, estrategia y servicio estuvieran perfectamente alineados.
En ambos proyectos fui testigo de lo que sucede cuando la confianza, la claridad y la ambición se unen. Ahí es donde realmente comienza la transformación.